Pousse-café, de Llorenç Villalonga Pons
Entre les aportacions més singulars de Villalonga, hi trobam sens dube els seus Pousse-café. Es tracte d’una sèrie de textos breus, de to sovint irònics i en ocasions provocador, que Villalonga publicà en la revista Brisas que ell i el seu germà Miquel dirigiren entre abril de 1934 i juliol de 1936. Se’n publicaren dos-cents set en total i eren signats sota el pseudònim Chop.
El terme francès pousse-café fa referència al digestiu que es pren després del cafè, com a rematada de l’àpat. L’autor emprà aquesta metàfora per titular unes peces literàries que actuaven com a petites “dosis” d’intel·ligència i escepticisme.
Tracten temes molt diversos: des de la cultura i la política fins als costums socials, l’art, la religió o la condició humana, i com no l’exercici físic i l’esport, una de les modes de l’època. En ells hi ressona sovint una mirada desencantada i crítica, però alhora lúcida i penetrant.
Els pousse-café mostren un Villalonga més proper al gènere de l’assaig breu i de l’aforisme europeu, amb influències que van des de la tradició francesa fins als moralistes clàssics.
Aquestes peces varen tenir una gran acollida i foren recollides en un volum amb posterioritat (Miquel Font, 1986) amb un extensa introducció deguda a José Carlos Llop Carratalá, encapçalats pel seu text “Apuntes de entreguerras“.
Per la seva relació amb l’exercici físic i l’esport, n’hem extret els següents, referides a la boxa:
“El boxeo, desde el bajo pueblo ingés, ha ascendido hasta la gente refinada. muchas espirituales damiselas no desdeñan ya este espectáculo. Está, pues, deslazado que el boxeador siga escupiendo en el mismo cubo en que su manager ha de lavarle la cara”.
“Los golpes en el boxeo no duelen. Los profesionales lo explican diciendo que son golpes en caliente. un gentleman no ha dado una epxlicación más satisfactoria: siendo golpes deportivos, que no aluden al honor, no pueden llmarse, en realidad, golpes. Es por esto que no duelen”.
“En los descansos, el manager no cesa de hablar febrilmente al púgil y de darle consejos. Lo hace porque éste no le escucha, preocupado solo en respirar dieciocho veces por minuto, porque si le escuchara ya sabe el manager que se olvidaría de respirar y perdería el combate”.
“El boxeo es un espectáculo estético. Henry de Monterland lo prefiere a los toros, cuyas lentejuelas son una supervivencia romántica. En el boxeo, la fisiología triunfa, como la verdad, sin percalinas. Pero hay algo horrible y desarmónico en el espectáculo: los enormes guantes, que son un barbarismo en la fina silueta del boxeador.”
“También hacen falt unos guantes de mica”.
“Nos dijo una danzarino: aparte de los puñetazos, qué diferencia ve usted entre un baile y un combate de boxeo?”.
“Llega un momento en que los púgiles se agarran, y entonces el árbitro pasa por en medio de ellos para separarlos. Claro está que éstos podrían volver a agarrarse en seguida, pero el árbitro se ocupa siempre del ahora y nunca del después. Muy filosófico y muy lleno de presente está ese gesto del árbitro“.
“Es absurdo darse la mano con los guantes de boxeo puestos. tampoco sería natrual que los púgiles se saludaran inclinándose, como hacen los toreros ante el presidente. (El torero está vestido de seda y el boxeador desnudo). Yo recomiendo el saludo de Ibiza, que consiste en poner las manos sobre los hombros del contrario. Es un gesto noble, un poco bíblico, lleno de humanidad”.
“Bebidas coloreadas para boxeadores. Quien necesite estímulos para combatir, lo mejor que puede hacer es dedicarse a otra profesión. La verdadera bebida para el boxeador es el agua. Rindiendo tributo a la fantasía, existen, sin embargo, anilinas inofensivas para colorear artísticamente los drinks con el verde de la menta, el dorado del Jerez o el rojo del Borgoña. por otra parte, dado que la sed se apaga mejor con líquidos calientes, yo no veo inconveniente en tomar después del combate unas cuantas tazas de té, a condición de que sea muy ligero”. (CIEIB)

